Recientemente la actriz publicaba sus memorias, en las que narraba su depresión post-parto tras el nacimiento de su hija Rowan. Brooke afirma que escuchaba voces amenazadoras en su mente, y que no sentía afecto hacia su hija. Un tratamiento con antidepresivos la salvó del suicidio y permitió no sólo que quisiera a su hija Rowan, sino tener una segunda llamada Grier.